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17 de noviembre de 2014

Política y mentira

La principal obligación de un político es decir la verdad. Esta es la premisa que todos los cargos públicos deberían llevar “tatuada” en la mente, pero desgraciadamente en este país no ocurre. En los Estados Unidos o en Canadá es impensable que un responsable público mienta y se le permita seguir en el cargo, quizá por la poca permisibilidad que tiene la propia sociedad con la mentira en la política. Visto que los partidos políticos permiten que mentirosos sigan en sus cargos, somos nosotros los ciudadanos los que tenemos que exigir responsabilidades. No creo en las revoluciones, Cuba y Venezuela ya las han tenido y a la prueba está cual es su situación. Pero si creo en la iniciativa del individuo, afiliándose a los partidos para cambiarlos desde dentro.

No hay que irse muy lejos en el tiempo para tener un ejemplo claro: Monago no tiene que dimitir por haber pagado viajes con el dinero del Senado, pues no es ilegal (otra cosa es la moralidad individual sobre los gastos) y lo tenían permitido, Monago tiene que dimitir por haber mentido.

Francisco Granados y Jordi Puyol están sufriendo, de forma merecida, dos juicios. El primero el judicial, al que le pido celeridad. El segundo, el social. La condena que están sufriendo ambos viene por haber dicho de forma clara y contundente que no tenían cuentas en Suiza. Los ciudadanos, al vernos engañados, condenamos de forma más enérgica estas mentiras. Es por esto por lo que creo necesarias, pero no únicas, medidas como los exámenes a candidatos que se están llevando a cabo en el PP de Madrid. Está claro que con este examen no evitas la corrupción (Granados lo hubiese pasado perfectamente) pero es un primer paso para la transparencia necesaria, la que exigimos a los partidos políticos. Imaginemos que dentro de unos meses alguno de los candidatos tuviera una cuenta en Suiza o hubiera cobrado una comisión en b; de forma automática a todos nos vendría a la cabeza la imagen del examen negándolo y, por lo tanto, el reproche sería mayor. La opción a esto es seguir como hasta ahora, con un procedimiento de designación opaco, es decir, no hacer nada.

Exámenes a candidatos, controles internos, publicación de cuentas, sueldos, contratos, auditoría de lo anterior por empresas independientes, inclusión de la oposición en las mesas de contratación, cambios en la legislación para establecer las subastas públicas y eliminar los negociados SIN PUBLICIDAD, más medios apra la justicia, etc. Y la más importante: primarias en los partidos, que el afiliado elija y el representante responda ante la militancia y no ante el jefe.


Las medidas están sobre la mesa, falta un político valiente que las lleve a cabo. Termino como he empezado, la principal obligación de un político es decir la verdad.




11 de noviembre de 2014

El concepto de Democracia de los secesionistas catalanes

Son ya muchos los meses en los que todos los ciudadanos observamos atónitos un desafío sin precedentes al Estado de Derecho, tantos como veces el Presidente del Gobierno ha dicho no a la celebración del referéndum. Es verdad que no se ha celebrado un referéndum, pero al final los independentistas han hecho exactamente lo que querían. El Gobierno se ha visto acorralado, la política del tiempo de Rajoy (tapar los problemas dejando pasar los días) derivó en dos posibilidades: o votaban y la Guardia Civil retiraba las urnas o votaban. Ambas opciones son beneficiosas para los independentistas, pues la foto estaba asegurada y el mensaje posterior iba a ser el mismo: queremos una consulta definitiva. 

Los mensajes políticos de los secesionistas han sido varios, desde "España nos roba" hasta "nos niegan la democracia". Este último es el objeto de la publicación de hoy. Oriol Junqueras ha declarado en diversas ocasiones que lo único que quieren es votar, que es la base de la democracia. Ni mucho menos. La democracia no es solo ir a votar cada cuatro años para elegir a tus representantes, la democracia es ir a votar dentro de un marco legal que ampara esa votación, por lo tanto, votar sin un marco jurídico que ampare dicha convocatoria es ir en contra de la democracia. ¿Quiénes son los antidemocráticos, los que defendemos la legalidad o los que crean una paralela por que no les gusta la que existe?.

Lo interesante de los días siguientes son las palabras de Mas. Para él fue un éxito, pese a que se incluyó en el censo a menores de edad y a extracomunitarios, solo un tercio acudió el domingo a "votar". Dos de cada tres catalanes no participaron en el desafío secesionista y esto significa que la población catalana no es independentista.

Ahora es el momento en el que el Gobierno de España tiene que defender a todos aquellos ciudadanos que no son independentistas, la gran mayoría de los 7 millones de catalanes. Hay que mirar al futuro, lanzar mensajes de unión y, sobre todo, responder con contundencia y toda la Ley a los convocantes.

El problema de los catalanes no es que quieran irse de España, su principal problema es que tienen un Gobierno que no trabaja por lo que les preocupa de verdad: el paro, la corrupción, la deuda, etc. 

No es tanto un mensaje patriota como el de "una España unida" lo que los catalanes quieren y necesitan oír, si no un mensaje de futuro como "Juntos mejor".